Historias turbias
En ese tiempo aparecen en el suelo huasteco hombres portando pistolas Colt y rifles Winchester, vestidos con camisas de seda, sombreros texanos Stilson y botas americanas. Estos hombres desconocen a toda autoridad civil o militar, toman posesión de los caminos, y llegan a impedir el paso de los correos. Forman un poderoso cuerpo que se distribuye a todos los campos e instalaciones de la Huasteca Petroleum Company y sus asociados.
Los campos son cercados con tela de alambre ciclón, dejando solo puertas de acceso a los trabajadores y demás servicios, estas puertas están bajo su vigilancia y no permiten el paso a nadie si no llevan un pase expedido por una jefatura correspondiente. Así nacen las guardias blancas que son encargadas de custodiar la llamada brecha de la huasteca, un histórico y único camino de 200 kilómetros, construido por la compañía Huasteca Petroleum Company que conectaba sus campos petroleros entre Tuxpan y Tampico.
En aquel entonces la firma de los contratos de venta se obtenía, muy a menudo, mediante manejos turbios, se decía en una frase originaria del despojo de la antigua hacienda de Cerro Azul: ̎o me lo vendes o le compro a tu viuda ̎. El poco valor relativo de las tierras en esa región antes del auge petrolero había provocado una desidia y aun el abandono entre los propietarios, particularmente los condueños cuyos títulos de propiedad no siempre estaban regularizados. Eso dio lugar a graves abusos cuando las compañías empezaron a contratar con los usuarios para poder perforar en esas propiedades o cuando las compraban a presuntos dueños. También se sobornaba a los jueces para que admitieran documentos falsos y anularan los viejos títulos, los engaños y fraudes, lo que ocasionaba un clima de intimidación, despojos, sabotajes y homicidios a los cuales contribuyeron las guardias blancas de esas compañías. Pero el clima de violencia no sólo se entabló entre las compañías y los habitantes de la región sino también entre ellas mismas, culminando en 1908 en el incendio del pozo de San Diego del Mar (Dos Bocas), perteneciente a Pearson (dueño del Águila), que ardió durante cincuenta y ocho días hasta agotarse, y cuya producción se estimaba en 95 mil barriles diarios.
La Faja de Oro con todos sus portentosos pozos y campamentos petroleros atraen a gente de todas las clases, hombres ansiosos de encontrar una fuente de trabajo de distintas razas y diversos credos confluyen aquí. Es Tampico-Tamaulipas el principal puerto del país y el más importante en cuanto a la exportación de petróleo se refiere. En su territorio y sus alrededores se encuentran las instalaciones de todas las compañías más importantes, Huasteca Petroleum Company, Standar Oil Company de John David Rockefeller, El Águila de Pearson, la Royal Dutch Shell formada en 1907 por la unión de la “Royal Dutch Petroleum Company” (propiedad de la casa reinante de Holanda) y de la “Shell Transport and Trading” de capital inglés, ligada a la corona británica.
Las instalaciones de Mata Redonda y El Águila con sus respectivas refinerías concentran la producción de todos los campos: Chinampa, Potrero del Llano, Zacamiztle, Ébano, Casiano, Amatlan, Naranjos y Cerro Azul, que era un campo petrolero con una enorme actividad lo mismo en la perforación de nuevos pozos como en la explotación del pozo número 4. Los trabajadores se empleaban en todas y cada una de las actividades, y existían muchas: la refinería que producía 40000 litros de gasolina blanca, los separadores, los tanqueros, remachadores, la estación de bombas que inyectaba a los ductos aceite con rumbo de Mata Redonda, los talleres mecánico y de mantenimiento, los ductos y el tren.
Los 47 km que existían de vía angosta comunicaban a Cerro Azul con San Jerónimo ahí, se transportaba material pesado para la perforación y explotación de nuevos pozos así como trabajadores. Se daba mantenimiento a las maquinas en la llamada Casa Redonda y el tren de Cerro Azul- San Jerónimo fue nervio motor del transporte en nuestra tierra en aquel entonces.
En este periodo de auge petrolero se establecieron en Tampico casinos enormes que se extendían por más de diez cuadras en el puerto, donde no circulaba otra moneda que no fueran el oro y la plata. Los cabaretes de lujo, entre los cuales Playa Miramar sobresalía por su esplendor, atrajeron su lote de personajes: mafiosos renombrados, jugadores, gángsteres, prostitutas, drogadictos, además de famosos artistas de Hollywood.
Cuando Madero ocupó la presidencia (según los rumores, con el apoyo de ciertas compañías petroleras extranjeras molestas por el proteccionismo que Díaz dispensaba a Pearson), estableció un impuesto sobre la producción del hidrocarburo. Asimismo, ordenó que se efectuara un registro de las compañías que operaban en la República. Cabe mencionar que en esa época, las empresas extranjeras controlaban un 95% de la industria petrolera del país. Pero esos decretos no fueron aplicados pues Madero fue asesinado por una conjura de fuerzas conservadoras, compuestas por la Iglesia, los terratenientes y los intereses norteamericanos. Sin embargo, en vista de las ideas nacionalistas promovidas por el movimiento revolucionario, las compañías petroleras empezaron temer perder sus prerrogativas en la región y decidieron fortalecer su feudo aprovechando los tiempos de anarquía en la Huasteca. Así, el auge petrolero en la Huasteca se debió en gran medida a la alianza contraída entre las compañías petroleras y “el cacique de las Huastecas”, Manuel Peláez.
Peláez empezó sus relaciones con las compañías petroleras cuando les vendió, como muchos otros terratenientes, unas partes de su terreno donde abundaban las chapopoteras en las que se atascaban las reses. En 1910, se volvió contratista de presas y otras infraestructuras de la compañía “El Aguila” pero pronto pasó a trabajar con la “Huasteca Petroleum Company” de Doheny como jefe de sus guardias blancas. Cuando Carranza intentó imponer impuestos a las compañías petroleras, Peláez, a petición de éstas, organizó una fuerza local que se levantó en 1914 y pronto dominó toda la región, volviéndose en “las mejores pertrechadas de las Huastecas”. El financiamiento de sus operaciones provenía de los terratenientes de la región y de las compañías petroleras, a quienes Peláez garantizaba el seguimiento de la producción petrólera. Atacando poblaciones y sembrando terror entre la gente que apoyaba al nuevo régimen, se encargó también de callar a los obreros subversivos de las empresas petroleras y a los campesinos despojados por ellas de sus tierras. Muchos de los que componían las huestes de Peláez fueron atraídos por los salarios que se les ofrecía, pues eran cinco veces más alto que los que las haciendas pagaban a los peones, quienes formaron una banda de mercenarios. El dominio exclusivo de Peláez en la región se manifestó cuando llegó a imponer a las compañías petroleras contribuciones de guerra y préstamos forzosos, por lo que ellas empezaron a quejarse ante el Departamento de Estado de los Estados-Unidos. Cuando los norteamericanos acudieron al representante de Carranza, la respuesta oficial confirió de hecho todas las prerrogativas a Peláez pues reconoció la incapacidad del gobierno mexicano en controlar la región petrolera y dejó dicho que las compañías quedaban en libertad de entenderse con el cacique. En efecto, las tropas del gobierno estaban ocupadas con las expediciones punitivas de los norteamericanos contra Villa que atacaba a poblados americanos (1916), y en la Huasteca se estaba creando un territorio prácticamente sustraído a la soberanía nacional. Los caminos, malos y tortuosos, eran constamente vigilados por las guardias blancas de Peláez al servicio de las empresas sin cuya autorización nadie podía transitar por ellas.
En ese tiempo aparecen en el suelo huasteco hombres portando pistolas Colt y rifles Winchester, vestidos con camisas de seda, sombreros texanos Stilson y botas americanas. Estos hombres desconocen a toda autoridad civil o militar, toman posesión de los caminos, y llegan a impedir el paso de los correos. Forman un poderoso cuerpo que se distribuye a todos los campos e instalaciones de la Huasteca Petroleum Company y sus asociados.
Los campos son cercados con tela de alambre ciclón, dejando solo puertas de acceso a los trabajadores y demás servicios, estas puertas están bajo su vigilancia y no permiten el paso a nadie si no llevan un pase expedido por una jefatura correspondiente. Así nacen las guardias blancas que son encargadas de custodiar la llamada brecha de la huasteca, un histórico y único camino de 200 kilómetros, construido por la compañía Huasteca Petroleum Company que conectaba sus campos petroleros entre Tuxpan y Tampico.
En aquel entonces la firma de los contratos de venta se obtenía, muy a menudo, mediante manejos turbios, se decía en una frase originaria del despojo de la antigua hacienda de Cerro Azul: ̎o me lo vendes o le compro a tu viuda ̎. El poco valor relativo de las tierras en esa región antes del auge petrolero había provocado una desidia y aun el abandono entre los propietarios, particularmente los condueños cuyos títulos de propiedad no siempre estaban regularizados. Eso dio lugar a graves abusos cuando las compañías empezaron a contratar con los usuarios para poder perforar en esas propiedades o cuando las compraban a presuntos dueños. También se sobornaba a los jueces para que admitieran documentos falsos y anularan los viejos títulos, los engaños y fraudes, lo que ocasionaba un clima de intimidación, despojos, sabotajes y homicidios a los cuales contribuyeron las guardias blancas de esas compañías. Pero el clima de violencia no sólo se entabló entre las compañías y los habitantes de la región sino también entre ellas mismas, culminando en 1908 en el incendio del pozo de San Diego del Mar (Dos Bocas), perteneciente a Pearson (dueño del Águila), que ardió durante cincuenta y ocho días hasta agotarse, y cuya producción se estimaba en 95 mil barriles diarios.
La Faja de Oro con todos sus portentosos pozos y campamentos petroleros atraen a gente de todas las clases, hombres ansiosos de encontrar una fuente de trabajo de distintas razas y diversos credos confluyen aquí. Es Tampico-Tamaulipas el principal puerto del país y el más importante en cuanto a la exportación de petróleo se refiere. En su territorio y sus alrededores se encuentran las instalaciones de todas las compañías más importantes, Huasteca Petroleum Company, Standar Oil Company de John David Rockefeller, El Águila de Pearson, la Royal Dutch Shell formada en 1907 por la unión de la “Royal Dutch Petroleum Company” (propiedad de la casa reinante de Holanda) y de la “Shell Transport and Trading” de capital inglés, ligada a la corona británica.
Las instalaciones de Mata Redonda y El Águila con sus respectivas refinerías concentran la producción de todos los campos: Chinampa, Potrero del Llano, Zacamiztle, Ébano, Casiano, Amatlan, Naranjos y Cerro Azul, que era un campo petrolero con una enorme actividad lo mismo en la perforación de nuevos pozos como en la explotación del pozo número 4. Los trabajadores se empleaban en todas y cada una de las actividades, y existían muchas: la refinería que producía 40000 litros de gasolina blanca, los separadores, los tanqueros, remachadores, la estación de bombas que inyectaba a los ductos aceite con rumbo de Mata Redonda, los talleres mecánico y de mantenimiento, los ductos y el tren.
Los 47 km que existían de vía angosta comunicaban a Cerro Azul con San Jerónimo ahí, se transportaba material pesado para la perforación y explotación de nuevos pozos así como trabajadores. Se daba mantenimiento a las maquinas en la llamada Casa Redonda y el tren de Cerro Azul- San Jerónimo fue nervio motor del transporte en nuestra tierra en aquel entonces.
En este periodo de auge petrolero se establecieron en Tampico casinos enormes que se extendían por más de diez cuadras en el puerto, donde no circulaba otra moneda que no fueran el oro y la plata. Los cabaretes de lujo, entre los cuales Playa Miramar sobresalía por su esplendor, atrajeron su lote de personajes: mafiosos renombrados, jugadores, gángsteres, prostitutas, drogadictos, además de famosos artistas de Hollywood.
Cuando Madero ocupó la presidencia (según los rumores, con el apoyo de ciertas compañías petroleras extranjeras molestas por el proteccionismo que Díaz dispensaba a Pearson), estableció un impuesto sobre la producción del hidrocarburo. Asimismo, ordenó que se efectuara un registro de las compañías que operaban en la República. Cabe mencionar que en esa época, las empresas extranjeras controlaban un 95% de la industria petrolera del país. Pero esos decretos no fueron aplicados pues Madero fue asesinado por una conjura de fuerzas conservadoras, compuestas por la Iglesia, los terratenientes y los intereses norteamericanos. Sin embargo, en vista de las ideas nacionalistas promovidas por el movimiento revolucionario, las compañías petroleras empezaron temer perder sus prerrogativas en la región y decidieron fortalecer su feudo aprovechando los tiempos de anarquía en la Huasteca. Así, el auge petrolero en la Huasteca se debió en gran medida a la alianza contraída entre las compañías petroleras y “el cacique de las Huastecas”, Manuel Peláez.
Peláez empezó sus relaciones con las compañías petroleras cuando les vendió, como muchos otros terratenientes, unas partes de su terreno donde abundaban las chapopoteras en las que se atascaban las reses. En 1910, se volvió contratista de presas y otras infraestructuras de la compañía “El Aguila” pero pronto pasó a trabajar con la “Huasteca Petroleum Company” de Doheny como jefe de sus guardias blancas. Cuando Carranza intentó imponer impuestos a las compañías petroleras, Peláez, a petición de éstas, organizó una fuerza local que se levantó en 1914 y pronto dominó toda la región, volviéndose en “las mejores pertrechadas de las Huastecas”. El financiamiento de sus operaciones provenía de los terratenientes de la región y de las compañías petroleras, a quienes Peláez garantizaba el seguimiento de la producción petrólera. Atacando poblaciones y sembrando terror entre la gente que apoyaba al nuevo régimen, se encargó también de callar a los obreros subversivos de las empresas petroleras y a los campesinos despojados por ellas de sus tierras. Muchos de los que componían las huestes de Peláez fueron atraídos por los salarios que se les ofrecía, pues eran cinco veces más alto que los que las haciendas pagaban a los peones, quienes formaron una banda de mercenarios. El dominio exclusivo de Peláez en la región se manifestó cuando llegó a imponer a las compañías petroleras contribuciones de guerra y préstamos forzosos, por lo que ellas empezaron a quejarse ante el Departamento de Estado de los Estados-Unidos. Cuando los norteamericanos acudieron al representante de Carranza, la respuesta oficial confirió de hecho todas las prerrogativas a Peláez pues reconoció la incapacidad del gobierno mexicano en controlar la región petrolera y dejó dicho que las compañías quedaban en libertad de entenderse con el cacique. En efecto, las tropas del gobierno estaban ocupadas con las expediciones punitivas de los norteamericanos contra Villa que atacaba a poblados americanos (1916), y en la Huasteca se estaba creando un territorio prácticamente sustraído a la soberanía nacional. Los caminos, malos y tortuosos, eran constamente vigilados por las guardias blancas de Peláez al servicio de las empresas sin cuya autorización nadie podía transitar por ellas.
Referencias:
http://desdetepetzintla.blogspot.com/2008/01/video-de-cerro-azul-ver.html
http://www.inafed.gob.mx/work/templates/enciclo/veracruz/municipios/30034a.htm
http://nuevomundo.revues.org/574?lang=pt
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